21.07.2008

Como detectar morosos o como no serlo

MorosoNoventa días desde el impago de la primera cuota. Ese es el periodo de gracia con el que cuenta un cliente para saldar su deuda con el banco antes de ser considerado oficialmente como moroso, una condición que ya padecen 2,5 millones de deudores en España y que refleja las crecientes dificultades para llegar a fin de mes que la crisis está provocando en los bolsillos de familias y empresas.

La maquinaria que dispara la morosidad está avanzando de forma arrolladora: pinchazo del mercado inmobiliario, con un considerable aumento del desempleo -en especial en el sector de la construcción y todas las actividades relacionadas con el ladrillo- y una drástica restricción del crédito bancario, como consecuencia de las turbulencias financieras que afectan al conjunto de la economía mundial y que atenazan cualquier actividad productiva. Para rematar el diagnóstico, hay que sumar el alza imparable del petróleo y los alimentos, que elevan la inflación y restan mes a mes poder adquisitivo.

El escenario no es ni mucho menos el más favorable para que los bancos hagan la vista gorda ante sus clientes deudores. Y es precisamente en las épocas de dificultades como la actual cuando las consecuencias de no responder ante el banco se muestran con toda su contundencia. La incapacidad para no devolver los créditos se llevó por delante esta semana a Martinsa Fadesa, la mayor inmobiliaria del país, que ha presentado la suspensión de pagos al no poder hacer frente a una deuda que supera los 7.000 millones de euros.

El peso de las deudas amenaza a grandes y pequeños clientes. Un inmigrante sin cualificación que se queda en el paro y una pyme del sector constructor o inmobiliario poco diversificada y dependiente de sólo un puñado de clientes son los dos perfiles de deudores con más posibilidades de dejar de pagar sus créditos. ‘La morosidad tanto en banca de empresas como en pymes crece desde la mitad del pasado ejercicio, aunque hasta la fecha únicamente se aprecian incrementos importantes en empresas del sector inmobiliario’, señalan en Banco Sabadell. En otro banco mediano reconocen que la suspensión de pagos de Martinsa Fadesa es ‘el inicio de un efecto dominó’ y prevén problemas de impago en pymes ‘por los efectos colaterales del pinchazo inmobiliario’.

Según los últimos datos del Banco de España, la tasa de morosidad de los créditos concedidos a las constructoras era en el primer trimestre del 1,21% y del 0,91% en los créditos a inmobiliarias, un nivel que sin duda se verá incrementado con la crisis de Martinsa Fadesa. En hipotecas, la morosidad está el 0,99% y se ha duplicado en el último año. En abril, los impagos a proveedores habían crecido el 83% interanual. En términos generales, la morosidad sobre el conjunto del crédito concedido por las entidades financieras estaba en mayo en el 1,46% y hay quienes auguran que se colocará en el 4% en 2009. El presidente de la CECA ya avanzó esa previsión hace diez días y, según advierte un ejecutivo de una caja de ahorros, ‘no es de extrañar que la morosidad suba al 4% después de lo de Martinsa Fadesa’.

Fuentes financieras reconocen que la morosidad en el crédito a promotores, y por extensión en el conjunto del crédito, sería incluso mayor de lo que recogen las estadísticas del Banco de España. ‘Ninguna inmobiliaria puede hacer frente ahora mismo a sus pagos y se están contabilizando como créditos normales todos los que se están reestructurando sin añadir nuevas garantías, a partir de los mismos activos, cuando en realidad deberían ser morosos. Si fuéramos más ortodoxos, la morosidad en créditos a inmobiliarias doblaría la tasa actual’, afirma el responsable de riesgos de una caja.

Y el factor que más influye en el avance de la morosidad es sin duda el desempleo. ‘Es el verdadero detonante de los impagos, mucho más que el alza del euríbor o la caída de los precios de la vivienda’, resume Beatriz Calvo, directora general para España de la aseguradora de créditos PMI. Quienes están acusando en mayor medida el desempleo son los inmigrantes, que suponen ‘entre el 80% y el 90% de las hipotecas que entran en mora. No pueden recurrir a avales, mientras que al cliente español le respalda su familia’, explican en una caja de ahorros.

¿Qué salida le espera entonces a un cliente cuando han pasado 90 días desde el primer impago de su hipoteca? Normalmente, el banco se habrá puesto en contacto con él antes de apurar ese plazo ya que habrán saltado las alarmas previas al impago de un crédito hipotecario, lo último que deja de pagar un cliente. De hecho, la morosidad recorre un largo camino antes de contaminar una hipoteca.

Según explica Luis Salvador, director comercial de Equifax-Ibérica, los impagos se manifiestan en primer lugar en los recibos de teléfono, que suponen casi el 40% de las 350.000 nuevas altas que se incluyen en el fichero de morosos cada mes. La morosidad continúa extendiéndose hacia las tarjetas de crédito, la financiación al consumo en las grandes superficies, los préstamos personales, los descubiertos en cuentas corrientes y el crédito del coche, hasta alcanzar por último al corazón de la economía familiar, la hipoteca.

Una vez detectadas las dificultades del cliente para devolver el crédito de su vivienda, el banco analiza las posibilidades de pago. Las soluciones más habituales pasan por la prolongación del plazo de amortización, la aplicación de un sistema de cuotas crecientes -por el que se pague menos al principio- o la exigencia de avales y garantías adicionales. Pero cuando las perspectivas de enderezar la economía familiar son escasas, como sucede con muchos inmigrantes que se quedan en paro, apenas hay margen para renegociar el crédito, tal y como reconocen en el sector. ‘Pueden intentar la venta de la vivienda, aunque es una opción complicada porque el mercado inmobiliario está parado’, señalan fuentes financieras.

‘A partir de los 132 días del primer impago, el préstamo se califica como precontencioso y el banco se encarga de los últimos contactos con los prestatarios para conseguir el cobro de la deuda’, añaden en una entidad. Y cuando las opciones para hacer frente a la hipoteca fallan, el banco presenta la demanda por el impago de su cliente en el juzgado correspondiente. Se inicia entonces la ejecución hipotecaria, un procedimiento que puede prolongarse durante un plazo de 8 a 18 meses, dependiendo de la saturación de los juzgados de la zona geográfica de turno. ‘Normalmente, el banco intenta no quedarse con los inmuebles en subasta sino que un tercero -en ocasiones incluso el propio deudor con ayuda familiar- se lo adjudique pagando nuestra deuda’, explican en Bankinter.

Sin embargo, también puede suceder que la puja por la vivienda en subasta pública ni siquiera cubra su valor, ante lo que el banco no tiene más remedio que quedarse con la casa en balance. ‘Aún es pronto para saber qué va a pasar con las hipotecas que están entrando en mora, pero un porcentaje importante de las que se concedieron en 2006 y 2007 y ahora tienen problemas nos lo vamos a tener que quedar’, asume con resignación un directivo bancario.

También hay quienes saldan a tiempo su deuda y logran evitar la ejecución de la hipoteca tras negociar con el banco. Pero cada vez son más numerosos los clientes morosos que reinciden. ‘Hace meses, quienes entraban en nuestro fichero y luego lo abandonaban no volvían, pero ahora hay mucha reincidencia’, apunta Luis Salvador. Así, la tasa de reincidencia en el fichero de morosos que elabora Equifax-Ibérica es de 1,8 veces, frente a las 1,5 veces del año pasado. En todo caso, no hay que olvidar que apenas el 3,5% de las incorporaciones a este archivo corresponden a las hipotecas.

La solicitud del concurso de acreedores -conocido también como suspensión de pagos- es otra fórmula para los deudores en apuros, aunque resulta poco útil para los particulares por su coste y por las limitaciones en su aplicación en las hipotecas. Sí es cada vez más demandado por las empresas, que pueden conseguir un máximo de cinco años de demora en el pago de la deuda y una rebaja de hasta el 50% en lo adeudado, según recoge la ley concursal.

Por lo general, son los propios deudores los que deciden presentar suspensión de pagos por propia iniciativa, como ha sido el caso de Martinsa Fadesa. Pero los acreedores también pueden solicitar ante el juzgado que su deudor entre en proceso concursal. ‘No es habitual que un banco inste concurso de acreedores, pero sí se aprecia más que antes, sobre todo en empresas’, afirma Juan Ignacio Fernández Aguado, del despacho CMS Albiñana & Suárez de Lezo.

Fuentes financieras argumentan que, llegados al punto de una suspensión de pagos, ‘el margen de maniobra para el banco acreedor es mínimo, todo va a depender del administrador concursal’. Sin olvidar que la suspensión de pagos implica que no hubo acuerdo previo entre banco y deudor. Aun así, no deja de ser una tabla de salvación. ‘Tenemos empresas en suspensión de pagos que pagan puntualmente lo acordado en convenio’, defienden contra viento y marea en un banco mediano.
Pistas para el deudor

¿Cuánto tiempo puede pasar desde que un crédito entra en mora hasta que el banco inicia el proceso de ejecución hipotecaria?

La decisión no se toma de forma inmediata al cumplirse los 90 días del primer impago y pese a que el banco ya se haya anticipado a estudiar el caso en profundidad ante los primeros signos de alarma. Pero no transcurre mucho tiempo más. En Bankinter reconocen que la política del banco es ejecutar a los 120 días como máximo. En Caixa Catalunya explican que, en el caso de las hipotecas, el plazo máximo oscila entre los 120 y 150 días desde el primer vencimiento impagado.

¿Cómo se penaliza el retraso en el pago de una hipoteca? ¿Qué comisiones se aplican en los créditos que se devuelven con retraso?

Según explican en Caixa Catalunya, el tipo de interés de demora se calcula sumando un diferencial de 10 puntos al tipo de interés al cuál se factura un préstamo en un determinado momento. En Bankinter, la penalización es de 9,5 puntos por encima del tipo de interés, más una comisión de impagado de 12 euros. En definitiva, se encarece de forma notable el tipo de interés del crédito y se cobra una comisión que no suele superar los 30 euros.

¿Se están incluyendo cláusulas nuevas en la contratación de hipotecas, tales como un recargo por morosidad?

Las entidades consultadas afirman que no se han introducido nuevas cláusulas en relación con la morosidad. En todo caso, algunos bancos están advirtiendo de forma más evidente en la publicidad de sus hipotecas de cuál es el recargo por mora.

¿Cómo puede ayudar la contratación de un seguro de protección de pagos a evitar la morosidad?

Precisamente, este producto se hace cargo de las cuotas del préstamo en las situaciones que más influyen sobre la morosidad: el desempleo y la incapacidad temporal. El seguro de protección de pagos actúa como un colchón financiero por el que el cliente puede dejar de pagar durante un máximo de 12 meses. Su coste oscila en torno a los 8 o 10 euros al mes, según explican en la aseguradora de pagos Genworth Financial.

¿En qué momento se registra al cliente que no paga en el fichero de morosos? ¿Cuándo abandona el fichero?

A los 90 días del primer impago, la entidad bancaria notifica al fichero la situación, aunque en la actualidad se está adelantando el momento del registro del moroso. Cuando salda su deuda, la salida del registro ha de ser inmediata.

El temido fichero de morosospistas para el deudor

El fichero de morosos es una verdadera bestia negra para clientes con dificultades de pago. Figurar en listado que elabora Equifax-Ibérica, y que cuenta ya con la cifra de 2,5 millones de deudores, equivale a tener cerrada la puerta del crédito, aunque ha dejado de ser un estigma del que sea imposible deshacerse.

Hace seis años que un cambio en la legislación suprimió la pesada carga por la que un cliente, una vez que entraba en el fichero, quedaba allí registrado durante un plazo de seis años, aunque ya hubiera saldado su deuda. En la actualidad, el moroso deja de serlo una vez que ha saldado cuentas. Incluso si sigue debiendo dinero, su condición de moroso prescribe a los seis años, según explica el director comercial de Equifax-Ibérica, Luis Salvador. Sí reconoce en cambio que los bancos están acelerando el momento en el que notifican la incorporación de sus clientes al listado de morosos.

Normalmente, la entrada en la lista negra se produce a los 90 días del primer impago, ya se trate de un recibo de teléfono, de un pequeño crédito en grandes almacenes o de la hipoteca, aunque ‘algunos bancos nos lo están notificando a los 60 días’.

‘Acogemos el registro en el fichero, que cada banco actualiza con sus datos una vez a la semana’, añade. Esa periodicidad semanal es tanto para las entradas en el fichero como para las salidas. En el peor de los casos, hay un límite legal de diez días durante los que el banco tiene la obligación de actualizar el fichero. Y es el banco quien se ocupa de notificar la baja del cliente que ya ha pagado.

Si el cliente que ha saldado su deuda tiene urgencia por salir del fichero antes de que su banco remita el parte semanal de morosos, puede dirigirse a las oficinas de Equifax-Ibérica o enviar un fax notificando que está libre de deudas. ‘Estamos obligados a contactar con el banco, que debe contestarnos en un plazo máximo de siete días. Si no contesta, se da por hecho que el cliente ha pagado’, asegura Salvador.

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