Las señales de alerta comienzan a encenderse en EconomÃa. El número de créditos fallidos relacionados con el pago de hipotecas se ha duplicado en los últimos cuatro trimestres. Aunque el nivel se sitúa en niveles históricamente bajos, lo más relevante es la velocidad de deterioro de este indicador clave que refleja la salud financiera de las familias. Al acabar el año 2006 (último trimestre de ese ejercicio), el 0,43% de los créditos totales para la adquisición de viviendas entraba en la categorÃa de ‘dudosos’, según la denominación del Banco de España, pero un año más tarde el porcentaje habÃa saltado ya al 0,89%, es decir ha crecido poco más del doble en apenas 12 meses. Hay que remontarse al segundo trimestre de 1997 para encontrar un registro tan adverso. En esa ocasión del 0,91%.
La tasa de dudosidad viene a ser una especie de paso previo a la entrada de un crédito en la fase de mora, lo que obliga a la entidad financiera a realizar provisiones para cubrirse del posible fallido. No se trata, por lo tanto, de morosidad en sentido estricto, aunque lógicamente hay una clara correspondencia entre ambos conceptos. Muchos de los créditos fallidos acaban en situaciones de morosidad. Teniendo en cuenta que el monto total de dinero prestado por la banca a las familias para adquirir una vivienda se sitúa en estos momentos en 646.121 millones de euros, se estarÃa hablando de retrasos en los pagos por valor de unos 6.000 millones de euros.
La cantidad es, como se ha dicho, todavÃa históricamente reducida, pero hay que tener en cuenta que esta magnitud reacciona siempre con lentitud en el cambio de ciclo. La última vez que sucedió esto fue en los años noventa. En marzo de 1992, que puede considerarse como el principio de la recesión que atravesó la economÃa española en aquella época, la ratio de dudosidad se situaba muy por encima de los niveles actuales, un 3,87%, pero fue deteriorándose trimestre tras trimestre hasta marzo de 1994, periodo que marca un máximo histórico del 5,54%. A partir de ese momento, con la mejorÃa de la situación económica, los fallidos vinculados al sector inmobiliario comenzaron a bajar hasta un mÃnimo histórico del 0,31% en marzo de 2005.
La pérdida de empleo se traslada a la morosidad
Quiere decir eso que la repercusión que tienen sobre el pago de las hipotecas el enfriamiento de la situación económica duró en el anterior ciclo dos años. Si ese esquema se traslada de forma mecánica a la coyuntura actual, eso significarÃa que al menos hasta el primer trimestre de 2010 seguirán creciendo los fallidos. Es evidente que no hay dos coyunturas idénticas, pero sà aproximadas. La clave, nuevamente, será el empleo, el mejor antÃdoto contra la morosidad bancaria. La experiencia ha demostrado que lo último que dejan sin pagar las familias es la hipoteca, salvo que las rentas de los hogares procedan del trabajo, como es lo habitual. En este caso, tal y como cedió en la recesión de 1992-93, la pérdida del empleo se traslada a la morosidad.
Según datos del Servicio de Estudios del BBVA, la carga financiera de las familias españolas en relación a su renta disponible se situó en 2007 en el 17,4%, lo que significa casi cinco puntos por encima del año 2003. Este endeudamiento se desglosa de la siguiente forma: un 10,4% se destina a pagar el principal de la deuda y el 7,4% restante los intereses. En relación a la media de la zona del euro, las familias españolas deben más dinero, toda vez que en la unión monetaria el endeudamiento representa el 12% de la deuda disponible, cinco puntos menos que en España.
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